viernes, 3 de abril de 2009

Ahora SÍ se le cayó la careta al gobierno...

En diez años hemos dicho y escuchado esa frase cientos de veces. Ahora sí estamos viviendo en dictadura, sin embargo no nos hemos dado cuenta que esto siempre ha sido una dictadura, una con un nuevo estilo que pudiéramos llamar "Dictadura del Siglo XXI" para usar los términos de Chávez.

Una dictadura que tiene un marco legal y aparentemente democrático porque se vota y se revota, sin embargo los resultados no son respetados, son por el contrario interpretados a la manera que convenga al ganador, votamos NO a la reforma y sin embargo una a una se han aprobado todos los artículos contenidos en ella, por diversas vías. Votamos una y mil veces pero el gobierno sabe lo que es mejor para nosotros y si tiene que ir en contra de nuestra voluntad no le importa, Chávez se comporta como un padre amargado y autoritario que deja a sus hijos discutirle para al final hacer su voluntad sin justificación alguna, más allá de un simple: Es por tú bien.

Y acá estamos hoy, en un mes de decisivo, donde Chávez ha demostrado que ya que se le acabó la plata, todavía tiene los poderes y cuando no tenga los poderes tendrá las armas. Hoy finalmente sentenciaron a los comisarios a 30 años de cárcel luego de un "juicio" que no fue más que un circo, un proceso nulo por donde se mire. Y sin embargo no falta quién diga que se hizo justicia. No defiendo a los comisarios, no sé si son culpables o no, lo que sí sé es que todos merecen un juicio justo y ellos no lo tuvieron y cualquier sentencia proveniente de ahí no puede ser tomada en serio.

Además ocurre justo en el momento que Manuel Rosales está enconchado, como para ponerlos de ejemplo: Mira coño de tu madre, si das la cara te esperan tus 30 años. Y por el otro meten preso a Baduel, el ministro incómodo. Uno a uno meterán preso o le abrirán juicios a todos los opositores de este país, ya le metieron el acelerador aprovechando la creciente popularidad del Presidente, porque al final del día, el venezolano apuesta a ganador, odiamos a los perdedores, no importan las circunstancias si ganó bien o ganó mal.

El deterorio a nivel de valores es tan alto y la ignorancia acerca de los más elementales principios democráticos tan arraigada que no entendemos porqué está mal lo que está sucediendo ni cómo nos afecta. Es complicado hacer la asociación de que así como los jodieron a ellos, nos joden a nosotros cualquier día, no la vemos, no es tangible para nosotros, hasta el día que toquen la puerta de la casa tres DISIP y nos digan que nos tienen que llevar.

Pero Luis, Venezuela no es Cuba, acá nunca va a pasar eso. Está pasando, de forma gradual, de forma que no lo vemos ni lo entendemos, ni lo queremos creer, estamos negados a dejar ir la imagen de Venezuela que queremos y no vemos que eso se fue lejos.

El predicamento de Rosales es el mismo a mayor que escala que tenemos todos los que estamos acá y somos opuestos a Chávez. O damos la cara, o nos vamos o simplemente nos entregamos. No hay más opciones, y dar la cara ya no significa ir a marchitas ni a tocar cacerolas ni a postear furiosamente en internet, se refiere a dar coñazos, quemar cauchos, poner bombas, matar políticos, si no estamos dispuestos a hacerlo hay que irse lejos para no volver, renunciar a la nacionalidad y mandar a meterse el país por el culo a los chavistas, que les aproveche el país y claro, la última opción es la más jodida, resignarse, bajarnos de una vez los pantalones y menearnos.

No es poca cosa la decisión que tenemos en frente, pero los abusos siguen y seguirán mientras nadie salga a detenerlos. Vivimos en una dictadura donde nadie tiene garantizado ningún derecho. Tenemos una constitución que no aguanta más coñazos. Un pueblo lleno de rencor que no le importa comer mierda si todos comemos mierda por igual.

La justicia venezolana ha demostrado ser entregada y zalamera, un banda de mafiosos inconscientes vendidos al gobierno. Esto se lo llevó quién lo trajo. Y mientras la dirigencia continúe escondiéndose, sin dar la cara por las razones que sean, seguiremos perdidos, esperando la segunda llegada de Cristo o el derrumbe del país para ver si bajo algún escombro, Chávez se pierde sin tener nosotros que ensuciarnos las manos.

1 comentario:

  1. Todo esto parece una novela de García Márquez. Chávez es un personaje que fácilmente hubiese podido aparecer en Cien Años de Soledad, o ser el mismísimo protagonista del Otoño del Patriarca. Tristemente, es un personaje de carne y hueso. Y los venezolanos tenemos que aguantarlo. ¿Pero por cuánto tiempo? Con lo flexibles que somos, con lo resilientes que somos, no me extraña que nunca salgamos de él.
    Aunque no pierdo las esperanzas del todo, incluso en mis peores días.
    [Pero hoy es un día de mucha desesperanza]

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