La Luisocracia, es decir el gobierno de Luis, siendo ese Luis yo, el que siempre le pone 1210 a su nombre en internet, y que tiene otro blog que nunca actualiza pero que últimamente cuando lo hace es para llenarlo de sus opiniones políticas, no quiero seguir en eso y ahora en este nuevo período gubernamental indefinido creo que vale la pena abrir uno sólo para política y poder en el otro hablar de cosas más triviales como lo bueno que es The Dark Knight o el olor particular de Sabana Grande.
En todo caso creo que pudiera haber escogido un mejor momento para empezar este blog que a pocos días del triunfo del Sí en el referendo para la enmienda que se llevó a cabo a voluntad del presidente Chávez y que también por su voluntad y la de sus acólitos terminó en la aprobación de la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular.
Recuerdo el momento en que Chávez hizo público su deseo de enmendar la constitución, no recuerdo ni cómo fue, ni cuándo ni nada de eso, recuerdo claramente la sensación de profunda arrechera que se apoderó de mí, por una parte no podía creer el abuso, por el otro sí podía creerlo, no sabía qué pensar, tenía fe en que perdiera. Sin embargo fueron pasando los días y vi con horror ante mis narices como una oposición a todas luces castrada dejaba escapar la ventaja hasta llegar a la más estúpida de las derrotas posibles.
Cuando ya se acercaba la fecha era obvio que iba a ganar, se notaba a leguas y lo que más arrechera daba es que estábamos peleando contra algo que ya se había decidido, que ya habíamos votado, fue un abuso de poder que estuvo mal desde el primer momento en que Chávez habló de volver a proponer la reelección. Esta enmienda nos agarró con los pantalones abajo, habían demasiados frentes para pelear. Lo ideal hubiese sido detenerlo, pero ¿cómo? Si este es un país donde todos los poderes dejan de trabajar con tal de echar su jaladita al emperador, si toda la plata del país va a parar a 80 mil vallas del potro Álvarez por el sí.
Pero bueno, total es que el día llegó y como era de esperar ganó Chávez. Todavía no sé si siento rabia, asco o simplemente decepción. Ni sé quién es peor si el mono o quién le da el revólver, el caso es que tengo varios días pensando en por qué sucedió lo que sucedió y he llegado a algunas conclusiones que me han dado consuelo porque al menos ahora creo entender.
En una pared de la capital está escrito: Aquí lo que hay es guerra de clases y ciertamente ese es uno de los problemas. Es increíble cómo algunos sectores de la sociedad todavía no se dan cuenta de la existencia de los otros. En este caso los opositores pecamos de creer que quién cree en Chávez tiene la conciencia comprada, un bozal de arepa o que es miedo o que es presión o que es lo que sea. Y aunque no pongo en duda que exista una buena cantidad de personas que voten por Chávez en esas circunstancias, no se puede negar que el tipo tiene un amplio apoyo popular.
Y el problema está cuando tenemos que preguntarnos ¿por qué? Pero ¿es que acaso no es obvio? Por un lado está que no conectamos con los sectores bajos de la sociedad y la segunda nos encanta el autoengaño, creer que somos más, somos más porque no conocemos a ningún chavista, porque nos montamos en un taxi y el chofer nos dijo que votaría por el NO o estuvimos en el supermercado y hasta la cajera se estaba quejando de Chávez.
Pero qué tontería tan grande, no entender porqué la gente que pasa trabajo, que se acuesta sin comer, que cuando suena un trueno se asustan y no porque crean que se acaba el mundo sino porque a lo mejor se les cae el rancho. ¿Cuántas personas puede conocer una sola persona? En el mejor de los casos digamos mil, de los cuáles si se hiciera una encuesta entre esos mil probablemente los resultados serían similares a los resultados electorales en Baruta o Chacao.
Es un problema grave la ceguera y sordera con la que vivimos, por eso nos gritamos, por eso nos odiamos, nos golpeamos y nos deseamos la muerte y el destierro. De lado y lado nos acusamos de tener el cerebro lavado bien sea por Washington o por La Habana, pero al parecer todos somos incapaces de tener un pensamiento propio, Dios nos libre de tener una opinión personal. No se puede estar con Dios y con el Diablo, con Obama y con Chávez, si esas son las opciones estamos jodidos en la vida.
Realmente acá lo que tenemos es un país dividido, de dos bandos tan iguales que se tienen que odiar, de una idiosincrasia que nos lleva a burlarnos de todo y de todos, a ser envidiosos y paranoicos, a creernos socialistas bebiendo whisky mientras hablamos por nuestro iPhone 3.5G en nuestra Hummer.
Honestamente nos hemos ido a la misma mierda y estamos tan llenos, tan embadurnados y tan acostumbrados que ni cuenta nos damos. Esa es mi conclusión, sin alternativas, sin propuestas, sólo una quejadera constante y patriota.
martes, 24 de marzo de 2009
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